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En Octubre más de la mitad del personal terminó la temporada y se marchó a otros lugares pero vinieron otros nuevos a realizar prácticas en nuestro hotel. Eran todas chicas y venían de una escuela de hostelería cercana y eso me favoreció mucho porque podía practicar un buen ingles con ellas; me hice buen amigo de una que se llamaba Janet que me ayudó mucho con el inglés y yo a cambio lo hacía con el francés. Las prácticas de hostelería duraban tres meses y nos las arreglamos para tener el mismo día de fiesta y juntos visitábamos lugares nuevos. En una de nuestras excursiones descubrí una escuela de idiomas que era una sucursal de la que había asistido en Madrid y me entró el gusanillo de volver a ir y le dije a Janet que cuando terminara mi contrato actual me gustaría buscar un trabajo en ese pueblo para poder asistir a esa academia de idiomas.

Todos los meses salía una revista de hostelería en la cual venían muchos anuncios buscando personal para la próxima temporada y con ayuda de Janet escogí cuatro que me dijo tenían buena reputación y les escribí solicitando el empleo y me contestaron todos concertando entrevistas. Quedé de acuerdo con Janet, que aunque había terminado las prácticas venía a verme todos los fines de semana, en que el próximo día y medio que tuviese libre iría a las entrevistas y ella lo arregló todo para acompañarme ya que tenía que hacer varios transbordos; ademas me buscó alojamiento ya que tenia que pernoctar una noche ya que tres de las entrevistas eran para el día siguiente.

Llegó el día de mi primera entrevista, la impresión fue buena y me dijeron que por favor les comunicara lo mas pronto posible si aceptaba el trabajo.Janet y yo pasamos la tarde juntos visitando la ciudad y al anochecer acompañé Janet a la estación para que volviera a su casa cerca de Lymington, bonito pueblo junto al mar lleno de barcos de deporte.

Al día siguiente muy bien arreglado como iba siempre, con mi traje marrón de cuadros y mi corbata bien planchada me fui a mi segunda entrevista.Era un hotel de 5 estrellas muy elegante y cerca de la playa; me recibió el director del restaurante, después de un tiempo hablando hizo venir al maître que se llamaba Pedro. Era un gran profesional y muy buena persona con mucho sentido del humor, hablamos mucho, nos reímos mucho también, solo quería que le contara cosas de España. Después de un rato me preguntó por mi experiencia profesional y me contrató de inmediato. No me dio tiempo a decirle que ya me lo pensaría pero si a decirle que me faltaba un mes para cumplir mi contrato y que tenía que terminarlo. Le pareció bien pero de pronto me preguntó como se llamaba el director del hotel donde trabajaba y tras decírselo entró en un pequeño despacho donde tenía el teléfono y mientras hablaba, yo veía que se reía con la persona que había al otro lado de la línea, al rato salió y riéndose me dijo: ¨ ya está todo arreglado, el director del hotel donde trabajas es un amigo mío inolvidable. Juntos pasamos tiempos duros en Francia, yo por ser exiliado y él porque escapaba de los nazis ya que era judío ¨

Al salir del lugar de la entrevista me encontré con Janet que  me estaba esperando y le conté lo ocurrido, le pareció muy bien; a continuación llamamos a los otros sitios donde tenía entrevistas para anularlas dando las gracias por su interés. Y después fuimos a casa de Janet para que yo conociese a su familia. ¡Esa si que iba a ser una entrevista dura pero os la contaré otro día!

 

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Con el personal del hotel pronto hice buena amistad a pesar de ser de varias nacionalidades. Las horas de trabajo eran unas 9 diarias pero teníamos un día y medio de fiesta cada semana.

El día de fiesta nos íbamos a Southampton, una ciudad muy grande y con mucho ambiente a una hora del pueblo donde estaba el hotel. Southampton tenía un gran puerto militar y comercial con enormes barcos; los de pasajeros de las rutas de América, Australia, Canadá, eran tan grandes que me causaron gran impresión y no podía dejar de preguntarme como esos monstruos se mantenían a flote.

El último autobús de vuelta al hotel era a las 10 de la noche.Cuando llegábamos ya se habían servido nuestras cenas pero el portero, que era un buen amigo, me guardaba mía calentita en unos armarios que había para mantener la comida caliente. Yo siempre me acordaba de llevarle un puro,

El verano pasó muy rápido y muy bien pero con el idioma hacia poco progreso ya que nos pasábamos el día hablando italiano o francés, por lo que a primeros de Septiembre me matriculé en la Universidad de Southampton para ir dos veces por semana. Tuve que compaginar mis días de fiesta con los días de clase.  Al principio fue duro; en la clase éramos unas 40 personas, todo chicas menos yo, todas eran del Norte de Europa por lo que su nivel del ingles era muy bueno, no como el mío! Menos mal que  que encontré un señor que me daba clases particulares, no me cobraba nada porque a él le interesaba practicar el español conmigo ya que, según me dijo, era capitán de barco  e iba mucho a América del Sur.

A las siete y media en punto se abrió la puerta del restaurante y empezó a llenarse de gente; yo me preguntaba ¿dónde podían ir tan temprano?; después supe que la mayoría eran ingenieros y oficiales americanos que estaban haciendo una base para submarinos por allí cerca.

Saqué mi primer día mi trabajo adelante,y no fue poco, sin ayuda alguna. El director y su esposa vinieron a desayunar y me saludaron en un perfecto francés. Muy amablemente me preguntaron si estaba cansado del viaje y me agradecieron el que empezara a trabajar esa misma mañana y que cuando tuviera tiempo durante el día fuera a su oficina con el pasaporte para terminar de arreglar mis papeles.

A las diez en punto, se cerró el restaurante y terminamos de limpiar las mesas y entonces vino mi más grande sorpresa: era nuestra hora de desayunar Y podíamos comer lo mismo que los clientes: zumos, cereales, pescado, huevos con salchichas y bacon, pan tostado con mermelada, té, café o leche, lo que quisiéramos!!Con la ganilla que yo llevaba del viaje me puse como el kiko! Todo estaba muy bueno, pero la leche era bueniiiiiiiisima. Ni comparación con Suiza donde nos daban leche bautizada, el pan que no habían querido los clientes, la mermelada muy ligera y el café de segundas, primero se hacía el de los clientes y el rebullido para nosotros. Pensé: ¨Andrés, vas mejorando¨

Terminado el desayuno montamos las mesa para la comida y después teníamos un tiempo libre. Yo lo aproveché para llevarle mis papeles al director. En la oficina también trabajaba su esposa; mi permiso de trabajo era de seis meses renovables a un año si me gustaba el estar allí. Como los dos hablaban francés tuvimos una larga conversación, conocían algunas palabras de español y sabían bastantes cosas de España.

El pueblo donde estaba el hotel se llamaba Lyndhurst en el  New Forest. Y haciendo honor a su nombre, Bosque Nuevo;  había unos inmensos bosques, muy bonitos, con centenares de vacas y caballos pastando y siempre sueltos.

El  viaje en avión a Inglaterra fue de noche por lo que aunque curioseaba por la ventanilla poco podía ver, algunas luces ocasionalmente, cuando el avión aterrizó seguí el mismo camino de todos en aquel inmenso laberinto: control de maletas, de pasaporte, muchas preguntas del policía y reconocimiento médico ya que los españoles teníamos fama de tener alguna enfermedad contagiosa!  En el contrato de trabajo que llevaba decía donde iba y el policía muy amablemente me explicó en francés que autobús  me llevaría a la estación Victoria y el tren que tenía que coger hacia el New Forest.

En la misma estación había un bar donde podías tomar té o café y  comida preparada (recordad que hablo de los años cincuenta, eh) Por primera vez comí pork-pie, una especie de empanada de cerdo con verduras; había muchas cosas más, pero lo que más me gustó fue la gran selección de dulces ¡me puse como un quico!

Durante el viaje en tren me dieron los ingleses la sensación de que estaban enfadados los unos con los otros porque nadie hablaba, así continuó por mucho tiempo, solo se oía al revisor decir en voz bajita : ¨ticket, please¨(billete, por favor). En una de las estaciones cambio el ambiente ya que entró un grupo muy animado de jóvenes con muchos bultos; eran aprendices de una compañía de teatro que iban a actuar a Southampton, con su poco francés y mi poco ingles pudimos entendernos y pasarlo muy bien. Me acogieron con mucha amabilidad  y como ellos bajaban del tren antes que yo le dijeron al revisor que me avisara cuando llegara a mi parada y así lo hizo. Era una estación pequeña, yo fui el único viajero que bajó. Era de madrugada  y le dije al señor de la estación:  ¨taxi, please¨. Al poco tiempo apareció el taxista  que muy amable me ayudó a colocar mi equipaje;  le enseñé la dirección del hotel y allí me llevó. Creo que le di una buena propina porque me hizo una gran sonrisa (todavía no conocía yo la moneda.)

El portero del hotel me ayudó con las maletas, me invitó a entrar a un salón grande y por señas me dijo que esperara, al poco tiempo vino con una enorme tetera con té para los dos y una bandeja de sandwiches y galletas; creo que no quedó nada. Una vez que terminamos de comer me enseñó una nota escrita en francés donde decía si podía empezar esa misma mañana y dándome la bienvenida. Señor que amabilidad,  ¿donde había caído yo?. Me acompañó a mi habitación. Era muy grande y  había tres chicos más allí durmiendo, me acosté con la intención de levanterme a las seis y medía para prepararme un poco la ropa pero me dormí hasta las siete cuando nos despertó el portero llamando a la puerta (era la costumbre allí), me tiré rápido de la cama para sacar ropa de trabajo y plancharla un poco, me sorprendí cuando el  chico que estaba más cerca mía me dio los buenos días en italiano y los otros dos en francés,  resultaron dos suizos y un italiano. Nos bajamos hacia el restaurante, el iteliano me acompañó a la lavandería para que me dieran una chaquetilla limpia (allí las daba el hotel) después fuimos al restaurante y empezaron a llegar más compañeros y compañeras. El maître me dio la bienvenida (era polonés pero dominaba muy bien el italiano) me enseñó donde estaban las cosas y me asigno las mesas que tenia que atender, eran ocho. También me llevó a la cocina, el chef era francés de Córcega, un cocinero era ingles  y los demás italianos.Algunas camareras eran irlandesas ¡que mezcla!, Me dijo el maître  que si necesitaba ayuda que le hiciera una seña y así empezó mi primer día de trabajo en Inglaterra.

Adiós a Suiza de momento. Mi intención era pasar unos días en Ginebra en mi camino hacia Inglaterra ya que quería visitarla bien y de paso saludar a una amiga chilena que había conocido en Montana y a un amigo de mis padres de Sagides que trabajaba de traductor en las Naciones Unidas. Era un hombre encantador. Hablaba y escribía 5 idiomas, incluido el ruso. Fue muy bonito visitar aquel laberinto de oficinas que él muy orgulloso me enseñó. Me invitó a pasar unos días con su familia en Basilea, pero no podía ser ya que tenía que continuar mi viaje porque tenía que estar en una fecha determinada en Inglaterra.

Tenía el billete para ir en tren pero pasó algo imprevisto y fue que los ferrocarriles franceses empezaron una huelga indefinida por lo que llamé a Inglaterra para ver que podía hacer. Allí estaban bien al corriente de lo de la huelga y me aconsejaron que fuera por avión y que ya me pagarían el billete cuando llegara. Cancelé el billete del tren y con el dinero que me devolvieron me puse a buscar billete por avión. No fue fácil ya que no había vuelo directo; fui de Ginebra a Zurich y de allí a Londres. ¡Puedo decir que a pesar de ser mi primer viaje en avión no me maree !

A finales de Febrero hice amistad con unos ingleses que hablaban francés y me sugirieron el ir a trabajar a Inglaterra y así aprender inglés. Me compraron una revista inglesa en la cual había ofertas de trabajo. Escribí mandando la documentación que pedían, en poco tiempo tuve contestación explicandome donde era y las condiciones de trabajo; como  me parecieron buenas respondí afirmativamente y recibí a vuelta de correo el contrato de trabajo que necesitaba para poder entrar en Inglaterra. Me pedían que fuera lo antes posibles, Semana Santa estaba cerca. A mí me venía muy bien porque yo terminaba en Montana a primeros de Abril. Se lo dije a mi jefe y le pareció bien; me dijo que si después de los 6 meses volvía dominando el inglés, me daba trabajo para todo el año en el nuevo hotel que iban a abrir y me subiría de categoría!

Cobré todo lo que había ganado durante el invierno, me lo guarde bien guardado, me despedí de todos amablemente. El ¨españolo¨ (yo) dejó bien alta su bandera. En el Café Italiano celebramos el fin de temporada. Cada uno emprendía su camino, no sabíamos si volveríamos a vernos de nuevo en alguna parte. Mi amigo Vicente marchaba hacia la parte alemana. El destino quiso que después de 25 años aproximadamente, nos encontramos en nuestro supermercado de ¨Les Gavines¨. Vicente  había venido a trabajar de Maître al hotel ¨Port Denia¨ desde Ibiza y vivía en Las Marinas. Un día vino al ¨super¨ pero en el primer momento no nos reconocimos ¡habían pasado tanto tiempo! Fue muy bonito el recordar viejos tiempos y reanudamos nuestra amistad que duró hasta el final de sus días, que fue en Denia. Como espero que sean los míos.

Mi hermana Adela vino a despedirme a la estación del tren y mi gran sorpresa fue que mi amiga la peluquera también estaba allí, una de mis primas se lo había dicho. Aparte de verme quería venirse a Suiza a trabajar, le expliqué lo mejor que pude lo que podía hacer, pero lo tenia muy difícil para conseguir el pasaporte porque su padre había sido ¨rojillo¨.

En el tren-correo no había reserva de asientos y había casi, casi que luchar a brazo partido para conseguir uno, además el tren paraba en todas las estaciones por lo que tardaba muchas horas hasta llegar a Barcelona. Allí estaba mi amigo Vicente esperándome, nos fuimos a casa de sus padres, cenamos y dormimos y al día siguiente en marcha para la frontera donde forzosamente teníamos que cambiar de tren y coger el directo a Suiza. Este nuevo viaje, aunque muy largo, lo pasamos bien porque en cierta estación francesas subieron unas cuantas chicas jóvenes que por casualidad también iban a trabajar a la misma ciudad que nosotros, como ellas no sabían que nosotros (que íbamos hablando en español) hablábamos francés empezaron el cachondeo entre ellas para ver quien nos ligaba antes! Claro que al final se dieron cuenta de que las entendíamos y empezó la juerga: a cantar, reír e incluso a bailar hasta que a las 12 el revisor vino y nos dijo que todos a dormir. Pretendimos hacerlo, como ocupábamos todo el departamento continuamos hablando bajo.A la mañana siguiente ya estábamos en Suiza y juntos cogimos el tren para Sión y después el autobús para Montana. Al despedirnos de las chicas ya quedamos donde vernos: en el ¨Café Italiano¨ que había baile todas las noches. Cada uno de nosotros íbamos a trabajar a hoteles diferentes.

Mira que en Soria nieva, pero nada con aquello! La nevada que ya había a principios de Diciembre era mayúscula y seguía nevando; no volvimos a ver vimos la tierra hasta últimos de Marzo.

Empezó  oficialmente la temporada de invierno y a los pocos días el hotel ya estaba lleno y así continuo hasta finales de Marzo. La clientela era diferente a la de verano ya que la gran mayoría ingleses y americanos por lo que lo antes que pude me compre un diccionario Francés–Inglés para ir aprendiendo frases sueltas. El trabajo fue también duro,pero a pesar de eso aún salíamos algunas noches después del trabajo, eso sí siempre en compañía ¡prohibido salir uno solo por las noches ya que se habían dado casos de que alguien se perdiese y congelase  La mayoría de las veces preferíaquedarme en la habitación a leer o escuchar Radio Pirenaíca; me había comprado una radio, cogía muy bien la emisora en español,  ponían música bonita y te enterabas de cómo iban las cosas en España. En una ocasión mi hermana Tere me dedicó una canción, me emocioné mucho.